sábado, 17 de abril de 2010

Autonomías, Dioses y formas de hacer política

Llevo lo menos cinco años sin salir de España y durante este período, todavía no alcanzo a recordar el momento en que los líderes autonómicos tomaron el papel de líderes del país, de dictadores camuflados y regidores de los designios de la ciudadanía. Yo en mi vil ignorancia, pensaba que el mando de la Nación lo tenía el Gobierno Central, ejerciéndolo de una manera o de otra, estando más o menos centralizado, pero siendo siempre el encargado de la toma de decisiones, siempre contando con el respaldo de ambas Cámaras.

Sin embargo, hoy me he dado cuenta que son los líderes autonómicos los que mandan, o por lo menos eso debe creerse el señor Montilla, que de un tiempo a esta parte se cree una deidad, o por lo menos actúa como tal con sus órdenes y exigencias.

Mis sospechas sobre este tema empezaron hace tan sólo unos meses, a raíz de la carrera por ubicar el almacén de residuos nucleares. Por aquel entonces, la localidad de Ascó, decidió ofrecer el alojamiento a dicho almacén, una iniciativa que bien podría llevar a crear puestos de empleo en una localidad de tan pequeño tamaño (hay que recordar que en 2009, contaba con un censo de 1.608 habitantes), lo que podía traducirse en nuevos ciudadanos que vinieran a ocupar los puesto vacantes del almacén y por ende a vivir al pueblo por encontrarse éste en la localidad, conllevando de esta manera al consecuente aumento de ingresos del Ayuntamiento en concepto de impuestos tanto por las contribuciones de los nuevos vecinos como los derivados de la actividad del almacén (y es que en pueblos pequeños, es difícil llevar a cabo ningún cambio importante porque el presupuesto es ínfimo, se lo digo yo que soy de Villacastín y tenemos un número similar de censados). Sin embargo, el Dios Montilla se posicionó contra la decisión de los políticos locales (integrantes de su propio partido) y les obligó a rechazar de pleno la idea de un almacén que podía haber hecho crecer un pueblo que con impedimentos de esta guisa está condenado a envejecer para terminar desapareciendo.

Mucho me molestó esta posición del señor Montilla, pues yo opino (como les he comentado antes, soy de pueblo pequeño) que la política debe hacerse desde abajo, pues sino estamos obligados a cometer los errores que ya cometieron en el pasado reyes, dictadores y políticos que pretendían levantar la casa por el tejado, y es que sólo los habitantes de cada municipio saben lo que ese municipio necesita para salir adelante y los políticos regionales, al igual que los nacionales, no tienen ni idea siquiera de la existencia del pueblo hasta que no surgen temas polémicos como éste.

Después de aquel incidente de Ascó, puedo leer en la prensa que al señor Montilla no le gusta que le den órdenes desde arriba y ante la resolución del Tribunal Constitucional quiere que le cambien a los magistrados por llevar éstos sin renovarse desde 2007 ¿por qué no pidió ese cambio en 2007 que es cuando tocaba? Probablemente porque pensaba que éstos iban a reconocer el Estatut como un texto dentro de la constitucionalidad.

Ahora, como si de un presidente que busca su embestidura se tratara, está realizando una rueda de contactos para que se lleve a cabo la ya mencionada renovación de los magistrados y probar fortuna a ver si los siguientes (igual con un poco de cara, presiona para que le dejen escogerlos a él, para que no se lleve una desilusión, digo) le ratifican la constitucionalidad del Estatut, algo que le han rechazado ya hasta en cinco ocasiones y que el Dios Montilla se niega a aceptar.

Sin ser magistrado del TC, ya le digo yo al señor Montilla que el Estatut de Cataluña es totalmente anticonstitucional, y es que en el artículo 2 de la Constitución, ya se nos dice lo siguiente: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.” Así mismo, en el artículo 138.2 de la misma, se dice: “Las diferencias entre los Estatutos de las distintas Comunidades Autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales.” A parte de saltarse a la torera bastantes de los artículos del Titulo VIII, Capítulo Tercero de la mentada Constitución.

Por tanto, hasta que no se haga una nueva Constitución que albergue otro modelo de estado, la independencia de las Autonomías no va a ser posible dado que si seguimos parcheando nuestra Constitución al final perderá su esencia legislativa y por ende su esencia democrática. Si se toca la Constitución que sea para realizar una nueva.

De todas formas, no hay más ciego que el que no quiere ver, más radical que el que nada de esa tierra le toca (¿qué independentista puede ser un tío que ha nacido en Andalucía?), ni más dictador que el que no se deja, ni deja gobernar.

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