lunes, 12 de abril de 2010

Venturas y desventuras de la clase política


Cuan deplorable me parece la actitud de nuestra actual clase política y es que en vez de serios dirigentes que han de llevar la nación a lo más alto, parecen inmaduros adolescentes en la edad del pavo.
Leyendo cierto periódico de tirada nacional, he podido leer el siguiente titular “
El PP pasa al contraataque con 'Gürtel'. No he sentido siquiera la más mínima alteración cuando he podido leer en el artículo que la secretaria general del PP, Dña. María Dolores de Cospedal, pedía explicaciones sobre supuestas tramas de corrupción en el seno del PSOE que el fiscal debería estar investigando igual que está investigando la trama corrupta que ha salpicado de lleno a la familia política Popular. De hecho, estoy de acuerdo con la señora Cospedal en que si hay irregularidades en las cuentas de determinados políticos, estas se deban investigar.
No obstante, lo que me ha llamado la atención de este artículo es cómo dicha señora intenta desviar la atención de la prensa de todo el escándalo que está sucediendo en su propia casa e intentar echar mierda encima del partido rival, y es que desde hace un tiempo llevo observando que la clase política de este país, sin distinción alguna de siglas e ideologías, se defiende como los niños del parvulario, con el típico “… y tu más”, así a las acusaciones que se hacen entre ellos, a los casos de corrupción que han salpicado a la mayoría de partidos políticos de nuestra democracia, así como a los escándalos varios que han sacudido al seno de sus filas, los partidos implicados siempre sacan a relucir el “…y tu más”, en forma de recordatorio de otro escándalo que haya sufrido el partido que esté pidiendo las pertinentes explicaciones.
Creo, que esta gente que “nos representa”, debería tener un comportamiento más adulto a la hora de dar explicaciones, entonar el mea culpa y tomar las medidas oportunas con los miembros del partido que hayan infringido la ley, en vez de apoyar a ultranza al infractor hasta que ya no queda más remedio que reconocer lo más que evidente y lo más que probado ya por la Ley, y es que no hay mejor solución que cortar el problema de raíz y así, demuestras que no estás dispuesto a tolerar conductas innobles en tus filas a la par de mostrarte fuerte y efectivo a la hora de resolver problemas aunque estos surjan en tu propio partido.
Aunque el comportamiento parvulario que más me gusta de nuestros políticos es el que se lleva a cabo tanto en el Congreso como en el Senado, ese gran momento en que un político cualquiera, de un partido cualquiera, que ha estado varios días preparando su intervención, se sube al estrado, suelta su discurso enfatizando allí donde la oratoria lo requiere, calmando el tono cuando su intervención así lo pide, es decir, siguiendo al pie de la letra el guión de la intervención para intentar convencer al resto de las personas allí presentes, en definitiva, llevando a cabo su papel, y de repente, cuando su intervención se da por finalizada, una parte del hemiciclo irrumpe en aplausos y vítores, son los de su partido que tienen que apoyarle; pero el resto de partidos, en su afán de impedir que esa magnífica intervención se lleve la gloria, prorrumpe en silbidos, voces y golpeteos en las mesas para acallar los aplausos que deberían coronarle de gloria. Y digo yo, esa gente que representan a los cuarenta y seis millones setecientas cuarenta y cinco mil ochocientas siete personas que conformamos España, ¿dónde se creen que están, en el Bernabeu, en el Circo romano? ¿de dónde sale ese comportamiento de ultras sur que llevan a cabo en tan digno edificio en el que trabajan? Y lo que es todavía peor ¿por qué se permite ese comportamiento en dichas instituciones públicas? Estas son algunas de las preguntas que me hago cuando veo a nuestros políticos realizar la labor que los españoles les hemos encomendado, a parte de la pregunta que se hace toda España cuando ve lo mismo ¿dónde están los leones y los gladiadores a los que jalean? o aquella de ¿por qué tardan tanto los antidisturbios en desalojar el edificio?



Bromas a parte, tal comportamiento me parece deplorable, innoble y hasta antidemocrático, pues una de las bases de la democracia es el respeto mutuo entre los ciudadanos y muy señores míos, en una intervención de ese calado el respeto brilla por su ausencia.

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