lunes, 12 de abril de 2010

De crisis y otros dolores de cabeza

De todos es sabido que actualmente nos encontramos inmersos en una crisis económica muy grande y que afecta a todos los sectores de nuestra economía, llegando actualmente a la nada desdeñable cifra de 4.166.613 parados en España. Para colmo, día a día, los escándalos de corrupción de nuestra clase política, se suceden como si de una construcción de fichas de dominó se tratase.
Ante tal situación, y después de dos años de crisis económica, los políticos no han hecho nada para salvar la actual situación. De hecho, la única medida que han sido capaces de tomar, ha sido la de abaratar el despido para que aquellos que lo deseen se puedan deshacer de sus empleados a bajo coste. Este echo provocó un aluvión de EREs, fue una moda que duró unos meses entre grandes empresas que tenían que deshacerse del lastre que habían acumulado durante los años de bonanza y que contribuyó a agravar más la situación en vez de arreglarla.
No se había vivido un momento así desde hacía mucho tiempo en las democracias modernas, es más, sólo se había vivido una situación de esta enjundia y fue durante el año 1929, con la Gran Depresión económica que se vivió durante el período de entreguerras. Quizá por esto los políticos de ningún país han sabido cómo reaccionar ante este duro revés que sufrió, y aún sufre, la economía mundial. La memoria histórica, según me enseñaron en el colegio, servía para ayudar al ser humano a no cometer los mismos errores que se cometieron en el pasado, no obstante, con el paso de los años me he dado cuenta que no es del todo cierto dado que seguimos cometiendo errores que cometimos en el pasado y no sabemos leer la solución que se le dio entonces al problema.
La solución a la crisis no era, es, ni será fácil, pero si hubiéramos usado la memoria histórica, nos hubiéramos dado cuenta que en el pasado, durante aquella depresión del 29, las democracias hicieron un sobreesfuerzo para sacar al país del atolladero y realizaron fuertes inversiones en empresa pública y se intentó proteger la economía interior a base de gravar con altos impuestos los productos que llegaban desde fuera, esta sería una gran solución si no fuera porque la clase política actual está más pendiente de qué dirán que de solucionar los problemas que azotan a su pueblo y es que si el actual Gobierno hiciera eso o cualquier partido de la oposición tuviera la feliz idea de proponer medidas de este estilo, sería tachado de loco y terriblemente condenado por querer someter a las arcas del Estado a un terrible endeudamiento, y esta palabra da mucho miedo tanto a la clase política como al ciudadano, curioso este echo dado que antes de vernos sumidos en tamaña crisis, el 80% de la población que se encontraba trabajando, estaba endeudada con hipotecas o con préstamos para la compra de vehículos, vacaciones u otros menesteres de ínfima importancia que iban socavando nuestra ya de por sí maltrecha economía.
Siempre he creído, y ahora no me voy a bajar del burro, que si un país está endeudado porque ha aumentado la inversión en empresa pública, no es una deuda real, dado que eso revierte en la economía del país e inevitablemente, en las arcas del Estado, por lo que este tipo de endeudamiento se puede considerar algo así como sembrar para recoger. La formula es simple, menos gente parada, más gente consumiendo, esto provoca un aumento de la demanda de productos y la consecuente contratación de más mano de obra para poder satisfacer dicha demanda, además al aumentar el consumo, aumenta el ingreso de las arcas públicas derivados de los impuestos al consumo, amén de los ingresos por pago a la Seguridad Social.
Por otra parte, la creación de aranceles mayores para todos aquellos productos que nos vienen del exterior, es una solución menos viable en cuanto que formamos parte de la Unión Europea y de su tratado de libre movimiento de personas y mercancías, no obstante, si se pueden gravar los productos procedentes del resto de países del mundo, y sobre todo los de países que ofrecen productos manufacturados de muy bajo coste como puede ser el caso de China y que pueden ayudar a fomentar el consumo del producto interior.
Desde aquí y con este artículo no quiero decir que sea fácil dar la vuelta a esta situación, ni mucho menos, pero creo que esta debería ser la línea a seguir en vez de abaratar el despido como pretende hacer nuevamente el Sr. Corbacho con su reciente propuesta de reforma laboral que nos lleva derechos al sistema económico caciquil de los latifundios andaluces donde se contrataba a los braceros en la plaza de los pueblos según el salario que estuvieran dispuestos a cobrar.

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