martes, 20 de abril de 2010

Ego non te absolvo

Todo el mundo pudo ver el otro día en el programa Salvados la entrevista que Jordi Evolé le hizo a Ramoncín, ese artista acabado que ha intentado toda su vida vivir del cuento, aquél que cantó una vez “Hormigón, mujeres y alcohol” (Litros de alcohol corren por mis venas, mujer, no tengo problemas de amor, lo que me pasa es que estoy loco por privar…).

Puro teatro todo, ese Ramoncín con su camisa reivindicativa en la que se podía leer “Ya no soy directivo de la SGAE”. Y que bonito es ponerse una camisa de esa guisa después de haber estado cobrando de dicha entidad durante veinte años de tu vida.

De todas formas, el odio que los españoles le tenemos a este tipo, se debe no a esos veinte años en la junta directiva de la sociedad, sino a su labor al frente, a su histérica persecución del dinero fácil conseguido a través de grabar con impuestos todo aquello que hiciera ruido, para por si acaso se nos ocurría reproducir una canción con ello.

La mala prensa que este individuo se ha ganado, se la merece a pulso y es que una cosa es grabar con cánones los discos, las cadenas de televisión que reproducen música y que emiten canciones de diversos artistas, grabar la música utilizada para publicidad o para el cine dado que se graba sobre canciones y artistas concretos, y otra cosa muy diferente es grabar con cánones los teléfonos móviles porque tienen la capacidad de reproducir música. Y llega el momento de las preguntas, ¿para quién es ese dinero del impuesto revolucionario de los móviles? Porque no tienen ni idea de la música que voy a escuchar yo para luego poder repercutirle las ganancias al artista implicado. ¿Y si yo sólo utilizo el móvil para llamar y escribir mensajes por qué tengo que pagar ese canon? (porque os aseguro que este es mi caso y estoy radicalmente en contra de los anormales que van con la música del móvil a todo volumen molestando en el vagón o en el autobús), y puestos a pagar, ¿por qué los móviles si y a las cadenas de música no se les había aplicado?

Durante la entrevista, soltó la perlita: “Un colectivo en que tienes que ver a un tío en un programa de televisión, que le conoces porque es compañero y famoso, y dice que está en contra del canon, pues me parece estupendo, pero es que es uno de los que más canon ha cobrado en los últimos cinco años”, una frase que merece un análisis bastante detallado, ya que en primer lugar, habla de compañeros y yo no se de qué serán compañeros pues ellos son artistas y él… en fin, que no se dedican a lo mismo vaya. Por otra parte, habla de artistas que están en contra del canon con un victimismo que le hubiera valido un oscar si no fuera porque esta película no entraba a concurso. Ante esta afirmación este individuo debería sentarse en su sillón a reflexionar, porque cuando una persona que, a priori, tiene los mismos intereses que tu y no te apoya es que hay algo que no estás haciendo bien, y si como es el caso, hay más de una persona que hace esto, entonces es una señal inequívoca de que la estás cagando bien. Y para remate de la fiesta, habla de que alguno de los artistas que critican el canon es uno de los que más ha cobrado, y eso sólo tiene una interpretación, y la interpretación es la siguiente: ese señor es un gran artista porque la reproducción de sus canciones es superior a la de la mayoría, por ello ha cobrado más dinero procedente del canon que ninguno, y por otra parte, la crítica que hace del impuesto revolucionario nos indica que el canon digital no le hace falta para vivir pues con la venta de discos y la organización de conciertos tiene suficiente como para no tener que mendigar el dinero de los teléfonos móviles.

En mi opinión, hay una serie de incoherencias en la gestión de la SGAE cuando Ramoncín se encontraba en su directiva que ha llevado a un odio generalizado hacia este señor, un odio generalizado y por otra parte muy merecido. Un odio que aunque como rezaba su camiseta, ya no es directivo de la SGAE, no se va a poder quitar de encima por mucho que se redima de sus actos con palabrería barata y lágrimas de plástico azul. De hecho, yo seguiré odiándole toda mi vida.

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